Desde hace más de diez años, asistimos a un boom de la movilidad 2.0, «descarbonizada, intermodal y colaborativa», que ha visto la aparición y el desarrollo de vehículos «inteligentes», de aplicaciones web de covoiturage y de dispositivos tecnológicos para facilitar el autopartage.
Estas innovaciones afectan tanto a nuestros desplazamientos elegidos, como ir a hacer las compras, su sesión de deporte o visitar a amigos; como a aquellos, más obligados, vinculados a los desplazamientos domicilio-trabajo. Estos últimos, que representan solo un tercio de los desplazamientos realizados por los franceses, son sin embargo los que estructuran sus días; realizados en un 70% en coche y en solitario, son fuentes de contaminación, congestión y estrés. No es sorprendente ver un conjunto de soluciones de movilidad orientadas hacia las empresas, los empleados, sus expectativas y sus necesidades. Estas soluciones proponen cambiar el modo de desplazamiento (bicicleta compartida, aplicación multimodal), cambiar los usos de los modos de desplazamiento (autopartage de flota de empresa, covoiturage domicilio-trabajo, herramientas de ecoconducción) o cambiar las organizaciones (espacios y herramientas de teletrabajo y coworking).
Si bien las soluciones de movilidad abundan (y un pequeño vistazo a la web basta para darse cuenta), pocas empresas y empleados recurren a ellas porque, por una razón evidente, la elección de modos de desplazamiento no se decreta sino que se deriva de diversas limitaciones, hábitos y programas de movilidad. Proponer un conjunto de soluciones potenciales no puede constituir una alternativa viable sin que se lleve a cabo una verdadera gestión del cambio.
¿Qué es el PDM? ¿Para quién?
El Plan De Movilidad (anteriormente Plan de Desplazamiento de Empresa PDE) es instaurado por la Ley de Transición Energética para el Crecimiento Verde, que establece, mediante su artículo 51 (Ley n° 2015-992 del 17 de agosto de 2015 relativa a la transición energética para el crecimiento verde – Artículo 51)[1], la obligatoriedad para toda empresa que reúna a más de 100 empleados en un mismo sitio, de dotarse de un PDM. El Plan De Movilidad consiste en un conjunto de medidas destinadas a optimizar los desplazamientos de los empleados para reducir su impacto ambiental, apoyándose en sus necesidades, sus preferencias y las palancas aceptadas y aceptables para cambiar sus hábitos de movilidad.
No hay que considerar el PDM como una enésima obligación reglamentaria a la que las empresas deben someterse, sino como una oportunidad para responder a problemáticas cotidianas a las que se enfrentan. Si bien el objetivo declarado del PDM se inserta en un enfoque global de reducción del impacto ambiental, también es la ocasión de repensar las cuestiones de:
– estacionamiento: ese famoso «último kilómetro» que a veces hace perder tanto tiempo como el resto de los kilómetros recorridos, sin olvidar las inversiones en la creación de nuevas plazas de estacionamiento o en el mantenimiento de lo existente;
– atractivo: para empresas que encuentran dificultades de contratación debido a la lejanía, el aislamiento, etc.;
– absentismo: reduciendo los riesgos psicosociales debidos al estrés exclusivamente ligado a los trayectos domicilio-trabajo que sufre el 15% de los empleados[1];
– accidentes: reduciendo el riesgo de accidentes de trayecto, que constituyen más de 6 millones de días no trabajados, representando una pérdida de más de 750 millones € para las empresas[2]
– continuidad de actividad: gracias a una mayor independencia respecto a episodios perturbadores como huelgas, condiciones climáticas extremas, etc.
[1] Dares Analyses, Los tiempos de desplazamiento entre domicilio y trabajo, n° 081, Noviembre 2015
[2] Assurance Maladie – Risques Professionnels, Informe anual 2017
Un enfoque co-construido
Parece que el PDM es ante todo una herramienta de organización y gestión que permite la convergencia de los intereses de la empresa con los de sus colaboradores, y se inscribe perfectamente en un enfoque de Calidad, en un Sistema de Gestión Ambiental o un enfoque RSE (Responsabilidad Social de las Empresas). Se apoya en una implicación de la dirección, que constituye un comité de pilotaje para comunicar a sus colaboradores y hacerles adherirse a su enfoque. Este comité tendrá como función definir los objetivos del PDM, seguir las diferentes etapas, validar los resultados y planificar las acciones a implementar.
El PDM se articula en cuatro tiempos:
– el diagnóstico: los costes vinculados a los desplazamientos de la empresa (cuenta de transporte), las prácticas de movilidad de sus colaboradores, accesibilidad a su sitio, …;
– el plan de acción: los problemas a resolver, los objetivos (realistas) a alcanzar, las medidas y los indicadores de seguimiento, el presupuesto asignado al PDM, …;
– la implementación: los roles de cada uno, el calendario y las herramientas de las acciones a realizar, los actores y los socios en el caso de subvenciones, …;
– el seguimiento y evaluación: las herramientas de seguimiento y difusión de resultados, la cuantificación de los efectos de las medidas, …
Si mañana, el primer medio para ir al trabajo se encuentra en nuestro bolsillo, será construyendo un enfoque coherente, que alíe las soluciones técnicas a las preocupaciones humanas. ¿No son estas las condiciones que conducen al cambio?



