WeRide Inc. desarrolla vehículos autónomos y el software necesario para su funcionamiento. Su ámbito de actuación va más allá del automóvil particular: taxis sin conductor, lanzaderas colectivas, vehículos de reparto y vehículos de limpieza urbana constituyen las principales aplicaciones de su tecnología. La empresa china aspira, en particular, a la autonomía de nivel 4, en la que el sistema se encarga de la conducción sin intervención humana a bordo, pero dentro de un perímetro y unas condiciones definidos. Una distinción esencial respecto a la promesa de un automóvil capaz de circular por cualquier lugar y en cualquier circunstancia.
De Guangzhou a los mercados internacionales
Fundada en 2017 por un equipo del que formaba parte Tony Han, especialista en inteligencia artificial y antiguo responsable de conducción autónoma en Baidu, WeRide se desarrolló en torno a Guangzhou. La metrópolis del sur de China le sirvió como campo de pruebas para sus robotaxis, antes de ampliar sus actividades a otras ciudades y categorías de vehículos.
Su historia acompaña la evolución del sector: tras las demostraciones tecnológicas, es necesario obtener autorizaciones, organizar la operación y convencer a socios industriales. Tras salir a bolsa en el Nasdaq en 2024, WeRide también ha reforzado su visibilidad entre los inversores internacionales. Su expansión pasa, entre otros países, por los Emiratos Árabes Unidos y Singapur, donde los marcos normativos y los proyectos locales permiten probar distintos usos de la movilidad autónoma.
Una plataforma, varias líneas de negocio
La base técnica combina la percepción del entorno, la localización, la predicción del comportamiento de los demás usuarios de la vía y la planificación de trayectorias. Estas funciones se apoyan en sensores y software a bordo, complementados por herramientas de supervisión. Su adaptación a varios vehículos permite a WeRide buscar oportunidades más allá del robotaxi, cuyo despliegue sigue dependiendo de las autorizaciones locales y de las limitaciones operativas.
Las lanzaderas responden a necesidades de transporte en recorridos definidos; los vehículos de reparto y de limpieza urbana se orientan a tareas más especializadas. WeRide también desarrolla soluciones de asistencia a la conducción destinadas a los fabricantes de automóviles. Estos sistemas no deben confundirse con sus soluciones autónomas: según su nivel, exigen que el conductor mantenga la responsabilidad y la atención.
Las alianzas ocupan un lugar central en esta estrategia. Junto con Renault, WeRide presentó lanzaderas autónomas durante el torneo de Roland Garros en 2024. Con Uber, inició un despliegue comercial de robotaxis en Abu Dabi. Estas colaboraciones aportan apoyo industrial o comercial, sin eliminar las exigencias de seguridad y supervisión propias de cada territorio.
¿Y ahora?
Para WeRide, el reto es ahora tanto operativo como tecnológico. La viabilidad de sus servicios dependerá del coste de los vehículos, de su disponibilidad, de las necesidades de supervisión y de su integración en los sistemas de transporte existentes. La expansión internacional también obliga a adaptarse a normas distintas sobre las pruebas, la operación y los datos. Su capacidad para reproducir un servicio fiable de una ciudad a otra será determinante para pasar de despliegues controlados a una actividad sostenible.