¡Ya está, me lanzo!
¿Cuántos de nosotros hemos repetido esta frase decididos a lanzarnos a la aventura del emprendimiento?
¿Y cuántos se han desanimado ante los múltiples obstáculos del camino del creador?
La tasa de destrucción de empresas es particularmente elevada, situándose en el 50% en los 3 primeros años. ¡A esto debemos añadir incluso aquellas que nunca verán la luz!
¡Y con razón!
Nuestro sistema no favorece la emergencia de proyectos. Peor aún, hemos construido acompañamientos que rompen y limitan sin ofrecer soluciones para llevar a cabo sus ideas. Aunque la fiscalidad y la falta de apoyo de las entidades financieras sean señaladas, es necesario entender que, en términos absolutos, no todo el mundo tiene vocación de convertirse en creador de empresas. Sin embargo, el mercado laboral afronta una profunda mutación y ya no debe verse únicamente bajo el prisma del trabajo asalariado. No obstante, hay que entender que ser emprendedor es todo un estado mental. Porque es posible ser un excelente profesional pero un muy mal emprendedor. Más allá del aspecto puramente de “gestión”, se trata de un estado mental que no todos los aspirantes a la creación poseen. Un emprendedor posee la noción de capital riesgo. Se proyecta, anticipa, extrapola, va un paso por delante y eso es precisamente lo que le permite ser visionario. Se conecta con los demás, con los entornos, con los mundos que le rodean. Piensa en oportunidad, ventajas, valor añadido, solución… Capaz de convencer, de tranquilizar(se) en tiempos turbulentos, de trazar una hoja de ruta incluso para un destino incierto.
En resumen, una personalidad proactiva y en perpetua renovación. Todos los actores del acompañamiento a la creación son conscientes de ello. Sin embargo, construir un modelo económico fiable concentra toda la atención. El perfil del emprendedor se estudia únicamente en el marco del plan de negocio para destacar sus competencias transferibles. Y esto es demasiado poco. ¡La personalidad es uno de los principales factores de éxito!
¿Qué hacer entonces para ofrecer(se) todas las llaves del éxito?
No es raro que el propio creador se dé cuenta de sus carencias sin poder remediarlas. Existe una solución muy sencilla. ¡Asociarse!
Los emprendedores buscan socios más fácilmente en el marco de fondos financieros, pero raramente para compensar esta carencia. Encontrar a la persona adecuada para portar, poner en marcha y desarrollar su proyecto. Porque incluso cuando lo desea, su red es el único medio para encontrar un socio, lo que a menudo limita las posibilidades. ¿Por qué no imaginar una plataforma para poner en contacto ideas, competencias y personas capaces de desarrollarlas?
¡Un “Meetic del emprendimiento”, un “Attractive work” de la creación de empresas! ¡O incluso pensar y proponer una clase magistral sobre el estado mental emprendedor!
Una formación corta que combinaría toma de conciencia y caja de herramientas sobre temas tan variados como el discurso y la expresión oral, cómo crear oportunidades, qué es el networking, cómo desarrollar su red, gestión del riesgo, del tiempo, de conflictos, la PNL, los estilos psicosociales, la toma de decisiones, etc. En resumen, un concentrado del ADN de un emprendedor para afinar la intuición y las habilidades interpersonales de los jóvenes creadores.


