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Para una revolución digital completa en África, el IoT es el eslabón perdido.

Para una revolución digital completa en África, el IoT es el eslabón perdido.
L’essentiel

Ante la democratización del Internet de las Cosas y el Arduino Day 2016, analizamos el papel del IoT en la transformación digital de África.

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Ante la democratización del Internet de las Cosas y el Arduino Day 2016, analizamos el papel del IoT en la transformación digital de África.

En el momento de la democratización del Internet de las cosas, de las tecnologías asociadas y ante la proximidad del Arduino Day 2016, es útil reflexionar sobre el lugar del Internet de las cosas en la posible transformación digital de África y en su capacidad para abordar el desafío de la producción de información en particular y el del contenido en general.

Si bien hoy es innegable que África es el continente que más se ha beneficiado del auge del teléfono móvil, habiendo inventado el pago móvil, es legítimo, ante la autosatisfacción ambiental, preguntarse si la revolución digital en África se detendrá en el smartphone. ¿O no?

La cuasi ubicuidad del móvil y el aumento no despreciable del número de desarrolladores de aplicaciones ha provocado una explosión en el número de plataformas móviles y web en África, así como, de manera automática, el número de sus usuarios.

Lamentablemente, los sectores profesionales y los oficios no han aprovechado verdaderamente hasta ahora esta explosión del móvil. Muy pocas plataformas se han desarrollado en agricultura, telesalud, meteorología o logística empresarial, por citar solo algunas. Un reciente informe emblemático del World Bank titulado “Dividendos Digitales” destaca el hecho de que, a pesar de la democratización del móvil en el continente, los beneficios de las tecnologías digitales no se han difundido suficientemente en la economía africana y aún no han afectado, a través de la innovación, la inclusión y la eficiencia, la vida de un número consecuente de africanos.

En la era de la web hoy semántica, es lamentablemente notable constatar que África se ha quedado por el momento en el internet social. De hecho, es fácil observar que el 90 % de los accesos a la red de redes en África correspondía en los últimos años a una conexión a un medio social.

Las principales deficiencias siguen estando vinculadas hasta ahora a la cuestión del contenido local, a la fiabilidad de los datos producidos por usuarios de baja alfabetización, de una cultura digital naciente y que, lamentablemente, todavía solo tienen un acceso episódico a esta maravilla mundial que es Internet.

La principal laguna que hay que cubrir es, por tanto, lamentablemente, la de la producción y adquisición automática de datos fiables generadores de valor para sectores profesionales, tales como la humedad del suelo, la temperatura, el nivel de un río para la agricultura o la presencia para la logística, por citar solo algunos.

La triste realidad es que el móvil, herramienta formidable hoy en día, sigue asociado al acceso a los datos y a la transmisión, y que para completar su revolución digital, África y sus jóvenes ingenieros deberán volcarse irremediablemente hacia la industria de producción y captación de datos, industria sin la cual sectores de la tecnología como la automatización de tareas, el big data, la inteligencia artificial, el deep y el machine learning seguirán siendo inaccesibles para el subcontinente negro.

Es precisamente ahí y en tal contexto donde el Internet de las cosas y las tecnologías relacionadas (sensores, redes de baja velocidad) cobran todo su sentido en la culminación de la apropiación de lo digital por parte de los pueblos africanos. Los modelos económicos que han dominado el sector digital en los últimos diez años son aquellos que consideran el dato como un activo superior, y todas las tecnologías que, al igual que los objetos conectados, contribuyen a producirlo, están inexorablemente llamadas a desarrollarse.

Se trata, por tanto, propiamente hablando, de estar a la altura de los tiempos y de adaptarse a las exigencias de su mundo para África frente a la apropiación del Internet de las Cosas.

El objeto conectado, ¿qué es y qué usos se le dan?

Un objeto conectado es un equipo capaz de proporcionar, mediante Internet, datos físicos de manera autónoma y automatizada, sin intervención del usuario. La autonomía, la automatización del suministro de datos y la ausencia de intervención de cualquier usuario forman parte de las particularidades que distinguen a un objeto conectado de un smartphone o incluso de unas Google Glass, que no son en sentido estricto más que interfaces web u objetos-interfaz.

Los objetos conectados han cobrado en los últimos años, con la aparición de la web semántica, una nueva dimensión en profesiones como la agricultura, la logística, el cuantificado personal, el seguimiento de la vida de los equipos, la salud, etc. Están en la base de la evolución de ciertos oficios (ganadería, agricultura, salud) o transformando ciertas industrias (seguimiento, logística) y, más allá, la propia relación de la empresa con sus clientes a través de la noción ya célebre del producto-servicio.

Los usos diversos y variados van desde la supervisión en tiempo real de rebaños hasta la medición de la satisfacción del usuario, pasando por la recopilación de datos meteorológicos en tiempo real, la detección de fenómenos ambientales como inundaciones y terremotos, la supervisión de patologías crónicas (diabetes, insuficiencia cardíaca, insuficiencia renal) en las regiones rurales africanas, el seguimiento de paquetes, la medición de la higrometría para un riego inteligente, el rastreo de un camión de entrega de anacardos, el monitoreo de un ascensor, la asistencia al usuario, la gestión de plazas de aparcamiento, la optimización de las rutas de recogida de basura pública, etc.

En un continente donde las estructuras organizativas no se preocupan por la recopilación de información estadística, donde los sistemas de información basados en lo digital suelen ser inexistentes y donde el conocimiento del cliente no es todavía una realidad, los datos recopilados por los objetos inteligentes conectados generan información que permitirá a los clientes, empresas y socios optimizar el rendimiento.

Herramientas analíticas simples aplicadas por cada producto a sus datos proporcionan un primer nivel de referencias. Una analítica más avanzada, a menudo fuera del objeto conectado, permite observaciones más profundas, a partir de los datos extraídos tanto de los productos como de los recursos internos y externos de la organización.

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El Internet de las cosas, la oportunidad del salto tecnológico para África

La democratización del Internet de los objetos conectados representa, por tanto, una oportunidad de gran envergadura para las sociedades africanas a la luz de las potencialidades vislumbradas y los futuros usos.

Esta democratización pasa especialmente por el dominio de tecnologías conexas como la electrónica, los sensores y las disciplinas relacionadas con el almacenamiento y la manipulación de datos, el desarrollo de aplicaciones y sistemas operativos integrados, la analítica, etc… y por la puesta en marcha de una infraestructura tecnológica adecuada constituida por redes de datos de baja velocidad eficientes, centros de datos y un suministro energético continuo, estable y de buena calidad.

Este es, a mi parecer, el precio a pagar para llevar a cabo la revolución digital de África y realizar el salto tecnológico que todos deseamos.

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