En 2016, y cada vez más, las actividades existentes, las empresas existentes, deben tener en cuenta la evolución de un mundo que cambia.
Un mundo que cambia es un contexto económico que cambia, un mercado que cambia, usos que cambian, hábitos de usuarios/clientes que cambian.
El dueño de una empresa, independientemente de su tamaño, debe replantearse cada vez más la manera de hacer negocios, sobre todo porque la democratización de las redes sociales ha enseñado a los clientes-usuarios una forma de interactuar con sus marcas o comerciantes locales.
Por supuesto, las disposiciones a tomar no son del mismo orden si se trata de una pequeña tienda de ropa, una carnicería, una microempresa, una pyme o una gran empresa; no obstante, podemos identificar 3 componentes indispensables que se encuentran en todas las transformaciones digitales de las empresas.
La base de una buena transformación digital es considerar, apoyarse y aportar de la forma más óptima una experiencia de usuario-cliente lo más enriquecida y “natural” posible.
Hoy en día, el cliente-usuario está acostumbrado a buscar información, compartir artículos y dar su opinión. Por ello, está familiarizado con experiencias digitales que le gustan y que ahora son sencillas y naturales.
Asegúrese de ofrecer un servicio, una navegación, una interfaz de pedido… intuitiva, o páginas, contenidos y aplicaciones que puedan usarse fácilmente y ser recomendadas, marcadas con un “me gusta”, etc.
Para la digitalización de una empresa o marca, es necesario involucrar al cliente en este proceso para construir una relación de confianza y crear una comunidad digital en torno a su producto o servicio.
Esto no supone en absoluto una disminución de la experiencia física o sensorial habitual, es solo un nuevo método para estimularla (ejemplo: la distribución omnicanal o el uso de tabletas en tiendas y ferias para aportar más información sobre los productos y servicios a través de contenidos, vídeos de uso, etc.).
Los procesos operativos de la empresa deben estar claramente definidos y controlados, ya que estos —junto con lo que hace poco se llamaba “informatización” y hoy además “digitalización” para aumentar el rendimiento, sustituir ciertas tareas por la automatización, etc.— no deben ser percibidos por los directivos como una oportunidad para reducir personal, sino al contrario, para dar responsabilidades estratégicas a los colaboradores y elevar a la empresa y su actividad.
En efecto, la informatización, automatización y digitalización de los procesos proporciona, a cambio, información e indicadores relacionados con el rendimiento, la explotación, el mantenimiento… que conviene analizar e interpretar de la mejor manera para mejorar los servicios de la empresa.
Estos datos de la empresa, gracias a su digitalización, se explotan generalmente en cuadros de mando muy útiles y son herramientas que permiten ser competitivo en su actividad en mercados cada vez más concurrentes.
El modelo de negocio adaptado (nuevo) de la empresa
Para una buena transformación digital, en efecto, la empresa debe revisar a fondo su modelo de negocio; es decir, existen 3 posibilidades:
– adaptar lo existente
– crear un modelo de negocio adicional
– reinventarse totalmente
En todos los casos, la empresa debe estar en fase estratégica con su mercado, sus servicios (digitalizándolos u ofreciéndolos de manera digital) y, sobre todo, ofrecer las herramientas, interfaces y contenidos adaptados a sus clientes: el sitio web adecuado (¿e-commerce o no?), la aplicación correcta (?), la comunicación digital adecuada.
Cambiar su modelo de negocio integrando un componente digital parcial o total es la transformación digital de la empresa. Esta afecta cada vez a más sectores (¿por no decir a todos?) y es necesario que la empresa, sea cual sea su tamaño, esté en fase con su mercado y se adapte en consecuencia.
¿Para qué sirve al final?
– Para un impacto más fuerte en su mercado
– Para obtener comentarios directos o indirectos de los clientes y comprender sus interacciones con los servicios/productos de la empresa


