¡La innovación comienza donde comienza la toma de riesgos! Lo hemos oído a menudo pero, finalmente, lo hemos aplicado poco. Y sí, es difícil salir de nuestra querida y tierna zona de confort… Muchos de nosotros queremos cambiar algo pequeño, pasar a una nueva etapa e intentar ganar más… y, sin embargo, en cuanto recuperamos la más mínima estabilidad, detenemos todos nuestros esfuerzos. Es humano preferir la tranquilidad a los cambios: quien dice cambios dice toma de riesgos y quien dice toma de riesgos, dice incógnitas…
El ser humano busca el equilibrio. Sin embargo, el día del cambio (deseado o no) es inevitable. Para ilustrarlo, les daré un ejemplo que viví: el de mi entrada en el mundo de la comunicación política. Durante la última campaña de las elecciones regionales, estuve a cargo de las redes sociales de una candidata. Ella se enfrentó a la necesidad de invertir en lo digital en todas sus dimensiones.
Hoy en día, lo digital está en todas partes, incluso en la política. Una campaña electoral es un buen momento para lanzarse… Pero también es un gran riesgo cuando el cargo electo no está preparado para ello. Un giro digital se prepara, se planifica. Cuando la comunidad virtual se encuentra con el representante por primera vez, ¡cuidado con las chispas! Los internautas pueden interpelarle en cualquier momento sobre cualquier tema. ¡Y habrá que responder teniendo en cuenta que lo escrito permanece y que todo lo que diga podrá ser utilizado en su contra! ¡Excepto que hay otra regla en las redes sociales: todo lo que no diga también podrá ser utilizado en su contra! Así que, finalmente, la ausencia de un cargo electo en las redes sociales es más arriesgada que su presencia mínima. Si usted no crea su imagen digital, el público la creará por usted. En resumen, es mejor ser dueño de su propia imagen.
En un contexto en el que la crisis de confianza de los ciudadanos en sus instituciones y en sus representantes es importante, una presencia bien controlada en las redes sociales puede incluso permitir reconectar con los electores.
Tomemos un ejemplo: como ciudadana, no solo necesito expresarme, sino también ser escuchada. Cuando elijo a las mujeres y los hombres que me representan, quiero que se me responda y que se tengan en cuenta mis necesidades y mis propuestas (cuando las tengo…). En mi opinión, las redes sociales son una herramienta excelente para hacer posible esta interacción.
Además, la última campaña de las elecciones regionales demostró que los políticos lo han entendido bien. No solo están cada vez más presentes en las redes sociales, sino que refuerzan sus equipos encargados de ello.
Continuará en el próximo episodio…


