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Centros de datos: la batalla de la IA también se libra en las redes eléctricas

Centros de datos: la batalla de la IA también se libra en las redes eléctricas
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Para desplegar la inteligencia artificial, ya no basta con comprar GPU: hay que conseguir potencia eléctrica, evacuar el calor y garantizar el suministro. Detrás de los anuncios de nuevos centros de datos, se perfila una competición por las conexiones, los equ

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Para desplegar la inteligencia artificial, ya no basta con comprar GPU: hay que conseguir potencia eléctrica, evacuar el calor y garantizar el suministro. Detrás de los anuncios de nuevos centros de datos, se perfila una competición por las conexiones, los equ

Un terreno disponible, fibra óptica en las proximidades, servidores encargados: sobre el papel, el futuro centro de datos está listo. Sin embargo, le falta lo esencial: un suministro eléctrico a la altura de sus ambiciones. En la carrera por la inteligencia artificial, la conexión a la red se vuelve tan estratégica como la GPU. De cara a septiembre de 2026, la cuestión ya no es solo quién posee los mejores chips, sino quién puede hacerlos funcionar, dónde y en qué condiciones. Este análisis se basa en hechos documentados hasta 2024; las evoluciones previstas a partir de entonces pertenecen al ámbito de la prospectiva.

La potencia de cálculo se topa con sus límites físicos

La IA generativa vuelve a situar en primer plano una realidad industrial: el mundo digital consume espacio, materiales y energía. Entrenar un gran modelo requiere grupos de aceleradores especializados. Responder después a los usuarios exige una infraestructura permanente, cuyo consumo depende del volumen de consultas, del tamaño de los modelos y de las optimizaciones del software. La eficiencia mejora, pero su efecto puede verse compensado por la multiplicación de los usos.

En su informe Electricity 2024, la Agencia Internacional de la Energía estimaba que el consumo mundial de los centros de datos, la IA y las criptomonedas podría duplicarse entre 2022 y 2026. Este amplio perímetro no debe confundirse con el de la IA por sí sola. No obstante, apuntaba a una presión creciente sobre los sistemas eléctricos, sin permitir atribuir cada nuevo megavatio a un agente conversacional.

El problema es, sobre todo, local. Un consumo modesto a escala nacional puede resultar considerable en una zona donde se concentran varios campus informáticos. La red debe absorber estas demandas al tiempo que abastece a viviendas, transportes y fábricas. Disponer de electricidad a lo largo del año no significa poder suministrar la potencia necesaria en un lugar concreto.

La conexión a la red, nueva ruta crítica

Para un promotor, la proximidad de una línea de alta tensión no garantiza nada. Hay que comprobar la capacidad de las subestaciones eléctricas, reforzar la red si es necesario, obtener las autorizaciones y reservar equipos. Los transformadores, los cuadros eléctricos y los sistemas de respaldo forman parte de cadenas industriales que no siguen el ritmo de los pedidos de chips.

Estas dificultades ya eran visibles antes de la explosión de la IA generativa. En Irlanda, la concentración de centros de datos en torno a Dublín llevó a las autoridades a regular de forma más estricta las nuevas conexiones. En el norte de Virginia, polo histórico de la nube estadounidense, el crecimiento de las necesidades también planteó problemas de transporte de electricidad y planificación. La IA amplifica, por tanto, una tensión que viene de lejos.

Para septiembre de 2026, un escenario plausible es el de una selección más rigurosa de los proyectos según el grado de desarrollo de su infraestructura eléctrica. Un emplazamiento menos prestigioso, pero con una capacidad realmente disponible, puede adelantarse a una ubicación cercana a los clientes que aún espera el refuerzo de su red. El valor de un terreno se mide entonces tanto en megavatios que pueden suministrarse como en metros cuadrados edificables.

La refrigeración se convierte en un factor decisivo para elegir la ubicación

Una vez suministrada, la electricidad se transforma en gran medida en calor. Ahora bien, los sistemas destinados a la IA concentran mucha potencia en los bastidores informáticos. Las arquitecturas más densas impulsan la refrigeración líquida, especialmente mediante placas frías en contacto directo con los componentes. Esto no hace desaparecer el calor: sigue siendo necesario evacuarlo fuera del edificio.

Este cambio obliga a replantear las tuberías, el mantenimiento, la detección de fugas y los equipos exteriores. Un centro concebido para servidores convencionales no se convierte automáticamente en una fábrica de IA con solo sustituir las máquinas. Según su diseño, la adaptación puede requerir obras importantes o hacer preferible la construcción de un nuevo edificio.

El agua también entra en la ecuación. Algunos sistemas utilizan la evaporación para limitar el consumo eléctrico; otros priorizan una refrigeración que consume menos agua, con contrapartidas energéticas y económicas. Por tanto, hay que comparar conjuntamente los consumos de agua y electricidad, teniendo en cuenta el clima y el estrés hídrico local. Un buen indicador energético no basta para establecer un balance ambiental.

La electricidad «verde» no lo resuelve todo

Los grandes actores de la nube llevan mucho tiempo firmando contratos de compra de electricidad renovable. Estos acuerdos pueden respaldar nuevos parques y estabilizar los costes. Pero comprar, a lo largo de un año, tanta electricidad renovable como se consume no garantiza un suministro descarbonizado a todas horas. La producción solar y eólica varía; las necesidades informáticas, en cambio, pueden seguir siendo elevadas de noche o cuando no hay viento.

Esta diferencia explica el interés por suministros continuos o complementarios. En septiembre de 2024, Microsoft y Constellation anunciaron un acuerdo vinculado al proyecto de reactivación del reactor de Three Mile Island cerrado en 2019, distinto del que sufrió el accidente de 1979. El anuncio ilustraba el acercamiento entre los gigantes tecnológicos y la energía nuclear, pero no suponía una capacidad disponible de inmediato: las autorizaciones y la puesta de nuevo en servicio seguían siendo determinantes.

Francia cuenta aquí con una ventaja gracias a su parque nuclear y a una electricidad generalmente baja en carbono. Esto no elimina las limitaciones locales de conexión a la red ni la necesidad de conciliar estas inversiones con la reindustrialización. Atraer un centro de datos también exige considerar la fibra óptica, las competencias profesionales, los riesgos climáticos y la aceptación del proyecto.

¿Trasladar el cálculo o desplazar su consumo?

No todas las cargas informáticas tienen las mismas exigencias. En ocasiones, el entrenamiento puede ubicarse lejos de los usuarios, siempre que se disponga de los datos y las conexiones necesarios. En cambio, algunos servicios interactivos requieren una baja latencia. La soberanía, la confidencialidad y las obligaciones contractuales también limitan las posibilidades de traslado.

Otra vía consiste en modular el consumo a lo largo del tiempo. Los procesos que pueden aplazarse se pueden programar cuando el sistema eléctrico está menos tensionado. Pero interrumpir un costoso clúster no sale gratis: reduce su utilización y puede complicar las operaciones. Las baterías de respaldo pueden prestar ciertos servicios a la red, sin constituir por ello una solución universal a los periodos prolongados de escasez.

¿Quién financia las infraestructuras comunes?

La competición por la electricidad desemboca, por último, en una cuestión política: ¿quién paga los refuerzos? Si una red se amplía para acoger un campus, el reparto de los costes entre el operador y los demás usuarios se vuelve delicado. Las autoridades también deben distinguir las solicitudes sólidas de las reservas especulativas, que pueden inmovilizar una capacidad muy demandada sin desembocar en una construcción.

Para evaluar un proyecto, conviene fijarse en sus compromisos verificables y no solo en sus promesas: calendario de conexión a la red, origen y disponibilidad de la electricidad, necesidades de agua, posibilidades de reducción de la demanda y beneficios locales. La recuperación de calor también merece un examen, pero depende de usuarios cercanos y de una demanda adecuada. Sin un uso concreto, se queda en una intención.

¿Y ahora qué? De cara a septiembre de 2026, la ventaja podría corresponder a los actores capaces de diseñar conjuntamente la informática, la energía y la refrigeración, en lugar de abordar la electricidad en último término. Los chips seguirán siendo decisivos, pero su utilidad dependerá de infraestructuras mucho más lentas de construir. Para los territorios, el reto será acoger proyectos que aporten un valor demostrable sin debilitar la red ni trasladar sus costes a la colectividad.

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