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Baterías de iones de sodio: ¿puede el almacenamiento eléctrico abrirles un mercado de masas?

Baterías de iones de sodio: ¿puede el almacenamiento eléctrico abrirles un mercado de masas?
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Menos dependientes de los metales críticos, las baterías de iones de sodio buscan su lugar en las redes eléctricas y las instalaciones industriales. Pero, frente al litio-ferrofosfato, la abundancia de su materia prima no bastará: deberán demostrar su competitividad a lo largo de toda su

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Menos dependientes de los metales críticos, las baterías de iones de sodio buscan su lugar en las redes eléctricas y las instalaciones industriales. Pero, frente al litio-ferrofosfato, la abundancia de su materia prima no bastará: deberán demostrar su competitividad a lo largo de toda su

Junto a un parque solar, varios contenedores absorben la electricidad del mediodía para devolverla al caer la tarde. Aquí, nadie le pide a una batería que impulse un coche durante varios cientos de kilómetros. Se le pide que dure, que funcione sin incidentes y que suministre kilovatios hora al menor coste posible. Para las baterías de iones de sodio, menos compactas que sus competidoras de litio, este escenario podría ser el terreno adecuado para conquistar mercado. Con la vista puesta en septiembre de 2026, su despegue sigue siendo una perspectiva por evaluar, no una victoria asegurada.

Por qué el sodio vuelve a la carrera

El principio es conocido: los iones circulan entre dos electrodos durante la carga y la descarga. Pero aquí los iones de sodio sustituyen a los de litio. El sodio es abundante, está ampliamente distribuido y ya se utiliza en numerosas industrias. Sin embargo, las baterías no emplean directamente sal de mesa: requieren materiales procesados, con una pureza controlada, y procesos industriales exigentes.

El interés va más allá de sustituir un elemento químico. Algunas formulaciones de iones de sodio también prescinden del níquel y del cobalto. Pueden utilizar un colector de corriente de aluminio en el ánodo, donde las baterías convencionales de iones de litio emplean cobre. La promesa es la de una cadena de suministro potencialmente menos expuesta a varias materias primas críticas, no la de una batería sin condicionantes mineros ni industriales.

Esta promesa ganó visibilidad con la presentación, en 2021, de una primera generación de baterías de iones de sodio por parte de la china CATL. En Europa, empresas como Tiamat, surgida de investigaciones francesas, y la británica Faradion también han contribuido a estructurar el sector. Sin embargo, sus opciones técnicas y sus mercados objetivo difieren: «iones de sodio» designa una familia, no un producto uniforme.

El almacenamiento estacionario perdona los kilos, no el mal rendimiento

En un coche, cada kilogramo y cada litro ocupado afectan a la autonomía o a la habitabilidad. En un emplazamiento industrial, estas restricciones se flexibilizan. Una batería algo más pesada puede seguir siendo interesante si cuesta menos y funciona durante mucho tiempo. El almacenamiento estacionario ofrece, por tanto, a los iones de sodio una vía de entrada más natural que los vehículos que buscan una gran autonomía.

Sin embargo, el espacio nunca es completamente gratuito. Multiplicar las celdas y los contenedores aumenta las necesidades de cableado, cimentación, refrigeración y mantenimiento. En una subestación eléctrica urbana o en un emplazamiento con limitaciones, la densidad energética conserva un valor económico. Los iones de sodio deben imponerse a escala de la instalación completa, no solo por el precio de su materia prima.

Las aplicaciones son variadas: desplazar en el tiempo la producción solar, limitar los picos de consumo de una fábrica, estabilizar la frecuencia de la red o alimentar un equipo aislado. No exigen la misma potencia ni la misma duración de descarga. Una química adaptada a ciclos cortos y frecuentes no será automáticamente la mejor para suministrar varias horas de electricidad cada noche.

Proyectos reales, pero todavía poca experiencia acumulada

Los iones de sodio han dejado atrás la fase exclusivamente de prototipos. En China, una instalación de almacenamiento de unos diez megavatios hora entró en servicio en 2024 en Nanning, en Guangxi. Ese mismo año, una primera fase de cien megavatios hora de un proyecto en Qianjiang, en Hubei, marcó un cambio de escala. Estas realizaciones documentadas muestran que la tecnología puede integrarse en equipos de red.

Todavía no demuestran una rentabilidad reproducible en cualquier lugar. Una inauguración no aporta información sobre quince años de envejecimiento, los costes de mantenimiento o la disponibilidad real. Para evaluar la situación en septiembre de 2026, sería necesario disponer de balances operativos recientes y verificables. Por tanto, la perspectiva más sólida sigue siendo la de un aprendizaje industrial, cuya velocidad dependerá de los resultados sobre el terreno.

El verdadero rival se llama LFP

La competencia decisiva no enfrenta a los iones de sodio con las baterías ricas en cobalto de generaciones anteriores. En el almacenamiento estacionario, el litio-ferrofosfato, o LFP, ya constituye una referencia. No contiene níquel ni cobalto, cuenta con fábricas de gran capacidad y se apoya en proveedores, integradores y mecanismos de garantía bien establecidos.

La caída de los precios del litio tras los máximos de 2022 ha complicado la ecuación de los iones de sodio. Un recurso más abundante no garantiza una celda más barata cuando los volúmenes siguen siendo limitados. También cuentan los rendimientos de fabricación, los descartes, los equipos y el coste del carbono duro, utilizado a menudo en el ánodo. Los iones de sodio se enfrentan a una tecnología competidora que también sigue avanzando.

El precio que hay que observar: el de la electricidad suministrada

Para un operador, el cálculo adecuado suma la inversión, las pérdidas energéticas, el mantenimiento y las posibles sustituciones, y después los relaciona con la electricidad efectivamente suministrada. Una batería más barata de comprar puede perder su ventaja si su eficiencia es inferior o si su capacidad útil disminuye más deprisa. La financiación y los seguros también pueden alterar el resultado.

  • La vida útil: debe medirse en las condiciones de uso previstas, no únicamente en un ensayo favorable.
  • La eficiencia: cada pérdida reduce la cantidad de electricidad que se puede vender.
  • La garantía: su valor también depende de la solidez del fabricante que la respalda.

Seguridad y medio ambiente: evitar las simplificaciones

Los iones de sodio presentan características de seguridad interesantes, que varían según las formulaciones. Pero la etiqueta no significa «ininflamable». Muchas celdas emplean electrolitos orgánicos combustibles. El control de los defectos, la detección, la separación entre módulos y la prevención de la propagación térmica siguen siendo esenciales. La seguridad se evalúa tanto a escala del sistema como de la celda.

La misma prudencia se aplica al balance medioambiental. Reducir el uso de litio puede diversificar el suministro y aliviar algunas presiones extractivas. Pero la fabricación de los electrodos, la energía consumida en la fábrica y el número de celdas necesarias influyen en la huella final. La comparación pertinente debe referirse a un servicio equivalente prestado a lo largo de toda la vida útil.

El reciclaje plantea otra cuestión: unos materiales menos valiosos pueden hacer que su recuperación sea menos rentable. Por tanto, será necesario organizar cadenas de recogida y tratamiento adaptadas. Una batería diseñada para ser desmontada y cuya composición esté documentada partirá con ventaja, sea cual sea su química.

Un posible acelerador, no un mercado garantizado

El almacenamiento estacionario podría iniciar un círculo virtuoso: pedidos regulares, mejora de los procesos, reducción de costes y, después, ampliación de los usos. Los compradores públicos o industriales que deseen diversificar sus proveedores podrían apoyar esta fase. Pero sustituir la dependencia del litio por la dependencia de unos pocos productores de materiales para baterías de iones de sodio solo supondría una diversificación parcial.

¿Y ahora qué? El escenario plausible es una adopción progresiva en usos bien elegidos, más que una sustitución generalizada del litio. Las señales decisivas serán los pedidos recurrentes, las garantías creíbles y los datos de rendimiento publicados tras varios años de funcionamiento. Si los iones de sodio transforman su ventaja en recursos en ahorros medibles, el almacenamiento estacionario podría convertirse en su acelerador industrial. De lo contrario, el LFP les dejará, sobre todo, nichos de mercado.

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