El estand está desmontado, las demostraciones guardadas y las agendas vuelven a estar saturadas. De VivaTech quedan contactos, conversaciones prometedoras y esta frase: «Envíeme algo». Para una empresa emergente, el verdadero trabajo empieza ahí. En esta vuelta a la actividad de septiembre de 2026, ¿cómo convertir la energía de la feria en reuniones útiles y, después, en contratos? No insistiendo más con todo el mundo, sino eligiendo mejor a quién volver a contactar, por qué y con qué propuesta.
Este método se basa en prácticas comerciales consolidadas y en tendencias documentadas antes de 2026, en particular la generalización de las herramientas de gestión de relaciones con los clientes y de la IA generativa. No presupone ni el balance de VivaTech 2026 ni sus repercusiones: las perspectivas planteadas siguen siendo hipótesis, no resultados constatados.
La trampa de una agenda de contactos repleta
Una feria tecnológica concentra varios mercados en un mismo espacio: compradores, inversores, socios, candidatos, periodistas y visitantes curiosos. Todos pueden resultar interesantes. No todos son clientes potenciales. Mezclarlos en un único archivo genera una ilusión de abundancia y, después, decepción cuando no llegan las firmas.
La primera clasificación debe centrarse, por tanto, en la naturaleza del encuentro. Una responsable de innovación entusiasta puede abrir una puerta sin disponer del presupuesto. Un director de operaciones menos efusivo puede tener un problema urgente y los medios para resolverlo. La calidad de un contacto reside en su capacidad para hacer avanzar una decisión, no en su entusiasmo en el estand.
Al regresar, cada conversación merece una ficha breve: empresa, cargo, problema planteado, solución actual, plazo y próxima acción. Las notas tomadas en el momento suelen valer más que los datos enriquecidos posteriormente. Sin un registro de la conversación, el seguimiento pronto se parece a una prospección en frío.
Calificar antes de automatizar
La tentación es conocida: importar las acreditaciones al CRM, redactar un mensaje atractivo y programar una secuencia. Las herramientas han puesto esta mecánica al alcance de los equipos pequeños. Pero automatizar una base de contactos mal calificados acelera, sobre todo, el envío de mensajes irrelevantes.
Una matriz sencilla basta para empezar. Debe ayudar a responder a cuatro preguntas:
- ¿La necesidad es concreta? Un proceso demasiado lento, un coste excesivo o una obligación que cumplir constituyen mejores puntos de partida que un interés general por la innovación.
- ¿La empresa encaja con el perfil objetivo? El tamaño, el sector, las limitaciones técnicas y la capacidad de implantación cuentan tanto como su notoriedad.
- ¿Quién decide y quién financia? El contacto puede ser usuario, prescriptor, comprador o un simple intermediario.
- ¿Existe un calendario creíble? Un proyecto previsto para este año no se aborda igual que una búsqueda de información sin fecha límite.
Las respuestas permiten distinguir entre las oportunidades activas, los contactos que conviene mantener y las posibles vías que deben descartarse. Esta clasificación sigue siendo provisional. Un dato desconocido no es necesariamente una señal negativa: se convierte en una pregunta que hay que plantear. A la inversa, un logotipo prestigioso no justifica semanas de trabajo gratuito.
Un mensaje de seguimiento debe proponer un avance
Un buen mensaje no vuelve a presentar toda la empresa. Recuerda un elemento concreto de la conversación, lo vincula con una capacidad demostrable y propone un siguiente paso proporcionado. En el caso de una herramienta de gestión, puede tratarse de una reunión centrada en el circuito de validación actual, en lugar de una demostración genérica de una hora.
Ejemplo ficticio: una fundadora conoce a una responsable de logística que describe errores recurrentes en la preparación de pedidos. Su mensaje de seguimiento recuerda ese problema, propone examinar un conjunto de datos representativo y solicita la presencia del responsable de operaciones. Así transforma una curiosidad en una hipótesis de trabajo verificable.
La rapidez ayuda, pero el famoso plazo ideal para retomar el contacto no tiene nada de universal. Un compromiso adquirido en el estand debe cumplirse en la fecha anunciada. Después, la frecuencia depende del ciclo de compra. Cada nuevo mensaje debería aportar algo: una respuesta técnica, un caso comparable o una propuesta para delimitar el proyecto.
En septiembre, ante los contactos que no han respondido desde la feria, es mejor reconocer el tiempo transcurrido que simular una conversación reciente. Preguntar si el asunto sigue siendo prioritario y, después, proponer cerrar el seguimiento si no hay ningún proyecto suele ser más útil que una nueva fórmula de cortesía.
De la reunión al contrato: hacer visible el proceso
Conseguir una reunión todavía no equivale a tener una oportunidad sólida. Para evitar previsiones optimistas, el equipo debe definir etapas basadas en pruebas: necesidad confirmada, partes interesadas identificadas, alcance debatido, propuesta examinada y decisión programada. «Muy buena conversación» no es una etapa comercial.
El siguiente compromiso debe acordarse con el cliente potencial. ¿Quién envía qué? ¿Quién participa en la siguiente reunión? ¿En qué fecha? Esta disciplina evita los expedientes estancados en los que el comercial trabaja solo mientras el comprador ya ha cambiado de prioridad.
Los proyectos piloto requieren especial atención. En las relaciones entre startups y grandes grupos, la experimentación puede facilitar el acceso al mercado, pero también retrasar indefinidamente la compra. Antes de empezar, hay que delimitar la duración, los recursos movilizados, los criterios de éxito y el proceso de decisión final. Un piloto remunerado constituye una señal útil, sin garantizar una implantación.
Medir lo que la feria aporta realmente
El balance empieza por los costes totales: espacio, transporte, alojamiento, material, preparación y tiempo del equipo. También incluye el seguimiento. Diez propuestas a medida pueden absorber más recursos que dos jornadas de presencia. Olvidar este trabajo mejora artificialmente el rendimiento del evento.
En cuanto a los resultados, conviene separar tres niveles: actividad realizada, cartera de oportunidades e ingresos efectivamente contratados. Las reuniones miden la ejecución; las oportunidades calificadas indican un potencial; los contratos documentan una conversión. Sumar estas categorías carece de sentido económico.
La atribución también exige prudencia. Un cliente al que se ha conocido por primera vez en la feria no es comparable con un cliente potencial ya avanzado en el proceso, con el que simplemente se ha vuelto a coincidir allí. Distinguir en el CRM las operaciones generadas por el evento de aquellas que este ha contribuido a acelerar permite hacer un balance más honesto. Para evaluar la rentabilidad, el margen esperado resulta más esclarecedor que la facturación por sí sola.
Las revisiones a los treinta, noventa y ciento ochenta días pueden servir de referencia, adaptándolas al ciclo de venta. El objetivo no es descartar una feria demasiado pronto, sino comparar las ediciones y los canales de captación sobre bases coherentes.
La IA puede ayudar, no sustituir el criterio
La IA generativa puede resumir notas, sugerir mensajes de seguimiento y detectar información que falta. Hay que verificar sus resultados y limitar los datos que se confían a las herramientas. Una acreditación escaneada no autoriza cualquier uso: informar a las personas, garantizar la pertinencia del contacto comercial y ofrecer la posibilidad de oponerse siguen siendo aspectos esenciales.
¿Y ahora qué? De cara a las próximas ferias, la ventaja podría depender menos del volumen de contactos que de la capacidad para organizar su conversión incluso antes de que se abran las puertas. Definir las cuentas objetivo, los criterios de calificación y las reglas de seguimiento permitiría evaluar mejor la inversión. La mejor prueba de éxito ya no sería entonces una foto de un estand abarrotado, sino un recorrido documentado entre un encuentro, un problema resuelto y un contrato rentable.


