Escritorios que esperan en un almacén, ordenadores todavía utilizables, una administración local que renueva sus equipos: sobre el papel, el encuentro parece evidente. En la práctica, hay que recoger, clasificar, reparar, almacenar, entregar y ofrecer garantías. La contratación pública puede aportar a la reutilización solidaria lo que a menudo le falta: una demanda previsible. Para ello, los contratos deben ser accesibles y los productos deben estar disponibles. Con la vista puesta en septiembre de 2026, el reto va, por tanto, más allá de hacer más ecológicas las compras: se trata de construir un sector capaz de cumplir sus promesas ambientales y sociales. Este análisis se basa en los avances conocidos hasta 2025; las perspectivas para 2026 siguen siendo proyecciones.
AGEC: una salida comercial organizada, no una cartera de pedidos garantizada
La ley contra el desperdicio y por una economía circular, conocida como AGEC y aprobada en 2020, estableció un principio vertebrador: determinadas compras del Estado, de las entidades territoriales y de sus agrupaciones deben incluir bienes procedentes del reúso, de la reutilización o que incorporen materiales reciclados. El mecanismo de su artículo 58, desarrollado y posteriormente modificado por vía reglamentaria, abarca, entre otras, categorías de mobiliario y equipos informáticos.
El decreto del 21 de febrero de 2024 modificó las categorías y estableció una progresión de los objetivos. Los porcentajes aplicables varían según los productos y los plazos; se calculan sobre el gasto anual correspondiente, no necesariamente contrato por contrato. Para el comprador, la primera tarea consiste, por tanto, en identificar el ámbito adecuado y hacer un seguimiento del gasto. Comprar unas cuantas sillas de segunda mano no basta para demostrar que existe una política coherente.
Una distinción es esencial: un producto nuevo que contiene material reciclado no es un producto reutilizado. Los objetivos que diferencian estas vías otorgan un lugar más claro a la segunda vida de los productos. Pero esta apertura no reserva automáticamente los pedidos a asociaciones, empresas de inserción u otras entidades de la economía social y solidaria. Estas siguen compitiendo con operadores comerciales que, en ocasiones, están mejor preparados para presentar ofertas.
El mobiliario: fácil de entender, complejo de organizar
Imaginemos una mancomunidad que reorganiza sus dependencias. Busca escritorios, muebles de almacenaje y asientos. Precisamente, una entidad local recupera mobiliario durante mudanzas de empresas. La operación parece ideal: prolongar el uso de bienes existentes y, al mismo tiempo, apoyar empleos de inserción. Pero las cantidades, las dimensiones y los calendarios rara vez coinciden sin preparación.
Transportar mobiliario resulta caro y requiere espacio. Una mesa robusta puede quedarse sin vender por falta de almacenamiento disponible o porque su entrega resulta demasiado costosa. Las series suelen ser heterogéneas. Los asientos requieren especial atención a los mecanismos, la estabilidad y la ergonomía. Un comprador que exija un único acabado y una referencia idéntica para todos los puestos corre el riesgo de descartar la reutilización incluso antes de la apertura de las ofertas.
La clave consiste en describir la necesidad de otra manera: dimensiones compatibles, resistencia, comodidad, estado esperado y posibilidad de reparación. La coherencia funcional puede sustituir a la uniformidad absoluta. También merece la pena estudiar, antes de cualquier compra, la reutilización del mobiliario que ya posee la entidad local mediante un servicio de restauración. No obstante, esta opción no entra necesariamente en el mismo cómputo reglamentario que una adquisición de bienes.
La informática: la confianza se construye en el taller
En un ordenador, la apariencia revela poco. El comprador debe conocer la configuración, el estado de la batería, las pruebas realizadas, las condiciones de garantía y la disponibilidad de piezas. También necesita una cadena fiable de borrado de datos y trazabilidad de las operaciones. El reacondicionamiento no consiste únicamente en limpiar un equipo y volver a encenderlo.
El fin del soporte estándar de Windows 10, fijado para el 14 de octubre de 2025, ilustra una dificultad importante: un equipo funcional puede verse comprometido por su entorno de software. Los requisitos de hardware de Windows 11 limitan algunas migraciones. Existen soluciones alternativas, pero deben ser compatibles con las aplicaciones profesionales, la seguridad y las capacidades de asistencia de la administración. De cara a 2026, sería, por tanto, imprudente considerar que cualquier ordenador recuperado puede ponerse de nuevo en servicio de inmediato.
Los actores solidarios pueden diferenciarse mediante un servicio integral: definición de necesidades, preparación de los puestos, instalación, mantenimiento y recogida al final de su uso. Sin embargo, esta mejora de la oferta requiere técnicos formados, procedimientos documentados y suficiente liquidez. El precio de compra por sí solo no mide el valor del servicio ni el coste de una avería que impide trabajar a un empleado público.
El verdadero cuello de botella: los flujos antes que los volúmenes
Un contrato público puede aportar previsibilidad, pero también poner en dificultades a una pequeña entidad. Entregar varias decenas de equipos homogéneos en una fecha impuesta exige comprar o reservar existencias, movilizar el taller y organizar el transporte antes de cobrar. Un acuerdo marco sin un mínimo abre una oportunidad comercial; no garantiza una actividad que permita contratar personal.
En las fases previas, la calidad de las recogidas es decisiva. Los lotes más aprovechables permiten financiar parte de la clasificación y el tratamiento de los demás productos. Si las entidades solidarias solo recuperan equipos muy deteriorados, el equilibrio se complica. Las colaboraciones regulares con empresas y administraciones pueden mejorar la previsibilidad. No obstante, las donaciones y cesiones de bienes públicos siguen sujetas a normas: no se improvisan con ocasión de una mudanza.
La cooperación ofrece una vía: compartir un almacén, poner en común determinadas funciones comerciales o formar una agrupación para concurrir a una licitación. Permite reunir volúmenes y competencias complementarias. Pero esta coordinación también tiene un coste. No puede sostenerse a largo plazo sobre trabajo administrativo invisible ni sobre el compromiso voluntario.
Contratos accesibles, sin preferencias locales encubiertas
Los compradores disponen de herramientas concretas, que deben utilizar respetando la igualdad de trato. Las consultas preliminares al mercado ayudan a comprender las capacidades disponibles sin favorecer a ningún candidato. La división en lotes puede separar mobiliario, informática, mantenimiento o zonas de entrega. Unos plazos realistas y unos requisitos proporcionados evitan reservar, de hecho, la competencia a los operadores de mayor tamaño.
- Describir prestaciones en lugar de imponer referencias concretas de productos nuevos.
- Evaluar el coste de uso, la reparabilidad y las garantías con criterios verificables.
- Aportar previsibilidad sobre las necesidades y, cuando esté justificado, prever compromisos de compra.
- Utilizar los instrumentos sociales adecuados, incluidos los contratos reservados cuando se cumplan las condiciones legales.
Un contrato reservado no constituye una preferencia general por cualquier entidad identificada como parte de la economía social y solidaria. Cada mecanismo tiene sus propios beneficiarios y condiciones. Del mismo modo, la implantación local no puede utilizarse como criterio discriminatorio. En cambio, unos requisitos justificados de entrega, mantenimiento y desempeño ambiental pueden poner en valor un servicio bien organizado, sin confundir proximidad con virtud automática.
¿Y ahora qué? Para septiembre de 2026 y los años posteriores, el escenario favorable sería el de unos compradores que pasaran de operaciones puntuales a programas plurianuales, articulando reutilización interna, adquisiciones y mantenimiento. Los indicadores útiles serían entonces los equipos realmente puestos de nuevo en servicio, su tiempo adicional de uso y la calidad de los itinerarios de inserción. La ley abre la puerta; unas recogidas regulares, unos talleres sólidos y unos contratos sostenibles permitirán que la reutilización solidaria la atraviese.


