Más que una epidemia generalizada, la oleada de incubadoras que no dejan de surgir en África desde hace unos años, especialmente en el África subsahariana, son una verdadera oportunidad para la creación de empresas y el mejor medio para construir soluciones duraderas que pueden cambiar la vida de toda una población. Hay que ver en ello un impacto positivo y masivo real en el ecosistema de la innovación africana. Una idea, antes de convertirse en un proyecto innovador, debe tomarse el tiempo de madurar y construirse sobre análisis claros y objetivos. Además del obstáculo número uno para la creación de startups en África, que sigue siendo ante todo la insuficiencia de financiación otorgada al riesgo y a la innovación, la falta de experiencia y pericia de los jóvenes creadores son también elementos que amenazan la viabilidad, a largo plazo, de un proyecto.
África, aunque es reconocida por ver emerger un gran número de ideas extraordinarias, necesita supervisión y cerrar la brecha ligada a la falta, a veces comprobada, de competencias esenciales para permitir que un proyecto se mantenga en el tiempo.
Estos «nuevos centros de innovación» tienen como misión principal inscribir a las empresas a largo plazo, especialmente a través de un acompañamiento profesional, un seguimiento en los métodos de gestión y un back-office omnipresente, especialmente en cuestiones jurídicas, fiscales y contables. Esto, con el fin de madurar y medir la viabilidad de un proyecto, de desarrollar un modelo económico más conectado con la innovación, creador de riqueza con valor añadido.
Las jóvenes empresas o Startups recurren a esta solución para impulsar su proyecto. Prueba de que el concepto responde a una necesidad real es que al menos el 70% de las jóvenes empresas lo utilizan. “Las incubadoras se han convertido en estructuras importantes en muchos países del África subsahariana, donde el 85% de las pequeñas y medianas empresas (PME) no sobreviven al segundo año de actividad. Por el contrario, las empresas que siguen un proceso de incubación muestran una tasa de supervivencia de más del 80% después de cinco años de actividad.” (Patrick Ndungidi, de la Agence d’information de l’Afrique Centrale).
¿Su impacto directo en la economía africana?
Entre los TechLab, TechHub, FabLabs, espacios de co-working, o simples aceleradores, estos nuevos centros sociales, sea cual sea el calificativo que se les dé, contribuyen también al desarrollo económico y sostenible del continente. Además, están financiados, en su mayoría, por empresarios privados locales y muy poco, o casi nunca, subvencionados por el propio Estado.
Más que nuevos espacios de encuentro, son verdaderos «Hubs» que dan lugar al intercambio de ideas, mentoring, coaching, colaboración libre, construcción de asociaciones, búsqueda de financiación, creación de redes de contacto, etc., todo ello con el objetivo de desarrollar un clima de negocios propicio al éxito de los proyectos empresariales. Esto se lleva a cabo en el marco y gracias a la iniciativa de hackathons, concursos, workshops y conferencias dirigidas por ponentes.
Senegal, Benín, Togo, Ghana, Nigeria, Níger, Costa de Marfil, Camerún, son otros tantos países de África Occidental que ven nacer estas incubadoras de última generación y que pueden felicitarse por albergar a muchas que tienen un impacto real en la comunidad, entre las más populares Woelab, Jokkolabs, CTIC, iLab, Etrilabs, Co-creationHub Nigeria, Activspaces, Akendewa, Mest, sin contar a los recién llegados. Muchas incubadoras están, de hecho, referenciadas en el sitio de Afrilabs, que tiene como función organizar intercambios y sinergias entre los diferentes lugares presentes en el continente.
En resumen, el ecosistema de la innovación continúa siendo claramente impulsado, gracias al papel desempeñado por estas incubadoras «africanas» de nueva generación, prueba irrefutable de que la «innovación africana» está en marcha. Esto es definitivamente lo que cuenta, ¿no es así?
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